martes, 23 de junio de 2020

NL 6.1 ¿QUÉ ES LA DIMENSIÓN SOCIAL DE LA EVANGELIZACIÓN? Parte III


TEMA: ¿QUÉ ES LA DIMENSIÓN SOCIAL DE LA EVANGELIZACIÓN? Parte III

OBJETIVO: Descubrir el verdadero sentido de la dimensión social de la evangelización como el corazón del Evangelio y su fundamento en el magisterio de la Iglesia, profundizando en el llamado a una experiencia cristiana generadora de transformación social.

FUNDAMENTACIÓN BÍBLICA:  Filipenses 2, 5
                       «Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús».

MAGISTERIO DE LA IGLESIA:  Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Capítulo 4.


El lugar privilegiado de los pobres en el Pueblo de Dios
El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo «se hizo pobre» (2 Co 8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres. Esta salvación vino a nosotros a través del «sí» de una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio. El Salvador nació en un pesebre, entre animales, como lo hacían los hijos de los más pobres; fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero (cf. Lc 2,24; Lv 5,7); creció en un hogar de sencillos trabajadores y trabajó con sus manos para ganarse el pan. Cuando comenzó a anunciar el Reino, lo seguían multitudes de desposeídos, y así manifestó lo que Él mismo dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres» (Lc 4,18). A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza, les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón: «¡Felices vosotros, los pobres, porque el Reino de Dios os pertenece!» (Lc 6,20); con ellos se identificó: «Tuve hambre y me disteis de comer», y enseñó que la misericordia hacia ellos es la llave del cielo (cf. Mt 25,35s).

Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia». Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener «los mismos sentimientos de Jesucristo» (Flp 2,5). Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia». Esta opción —enseñaba Benedicto XVI— «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza». Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.


Nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro «considerándolo como uno consigo». Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien. Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. El verdadero amor siempre es contemplativo, nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque él es bello, más allá de su apariencia: «Del amor por el cual a uno le es grata la otra persona depende que le dé algo gratis». El pobre, cuando es amado, «es estimado como de alto valor», y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos. Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación. Únicamente esto hará posible que «los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa. ¿No sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la Buena Nueva del Reino?». Sin la opción preferencial por los más pobres, «el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día».

Puesto que esta Exhortación se dirige a los miembros de la Iglesia católica quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria.
Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales. Si bien puede decirse en general que la vocación y la misión propia de los fieles laicos es la transformación de las distintas realidades terrenas para que toda actividad humana sea transformada por el Evangelio, nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social: «La conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos». Temo que también estas palabras sólo sean objeto de algunos comentarios sin una verdadera incidencia práctica. No obstante, confío en la apertura y las buenas disposiciones de los cristianos, y os pido que busquéis comunitariamente nuevos caminos para acoger esta renovada propuesta.
EXPERIENCIAS DE VIDA

En el siguiente documental encontraras las claves para el servicio desde lo cotidiano que propone la Santa Madre Teresa de Calcuta. Llévalas a un momento de diálogo con Jesús y pidele que las siembre en tu corazón si aún no están y si ya están, pídele que las haga brillar cada día más. 


NL 6 LA FUERZA DE LA EUCARISTÍA


LA FUERZA DE LA EUCARISTÍA

 Objetivo: Renovar nuestro amor por el Santísimo Sacramento, analizando la historia de un niño mártir ocurrido hace mucho tiempo, pero que hoy nos hace reflexionar ante esta celebración del Cuerpo y la Sangre de Cristo ¿Qué tan grande y real es mi amor y devoción por la Eucaristía?

Taller:
ü  Hacer la lectura con fe y devoción, resaltando los detalles del texto frente al amor por la Eucaristía
ü  Completa el cuadro de profundización
ü  Construir un poema en honor a Nuestro Señor Sacramentado  

UN MÁRTIR MEJICANO
(Del libro Fulgores de Eucaristía – Santiago María Viña)

Lo que os voy a referir no es ninguna piadosa leyenda, sino un hecho histórico, que no dejó de estremecer de espanto, a un mismo tiempo y de ternura, las rotativas de todo el mundo.
Según es sabido, se había desatado sobre México, como deshecha tempestad, aquella persecución religiosa, que lo anegó en sangre, bajo la tiranía de aquel Nerón de los tiempos modernos, llamado Elías Calles.
Pero también, como en los tiempos de las persecuciones romanas, se convirtieron en templos los sótanos de la penitenciaría mejicana, en cuyas bóvedas no cesaban de resonar los cánticos religiosos al compás de las más ardientes plegarias.
Entre los condenados a la última pena se hallaba el señor Betanzos, que, antes de renegar de su fe, prefirió dejar en casa lo mejor de su corazón: su joven esposa y su hijo queridísimo.
No son precisamente estas prisiones unas mazmorras sumidas en las tinieblas y llenas de alimañas, sino más bien unas moradas de lujo tentador, en las que cada uno aguarda incomunicado, la arbitraria determinación de la tiranía.
Un amigo y compañero de negocios del señor Betanzos ora, tabique por medio, percibiéndose muy bien todos sus rezos y suspiros. De pronto, se oyen dentro, unas frases confusas y altaneras; y hasta se escucha algún insulto impío.
Sigue después un silencio profundo… Sin duda que la muerte vino a dejar allí un lugar vacío, y a coronar con laureles a un héroe de la cruz. Un presentimiento sobrenatural le hace ver al señor Betanzos que su fin se acerca, y se acoge a la oración.
Entre tanto cruza su morada una ráfaga desconocida de espanto y frío… La mujer llora… El ángel, su único hijo, la acaricia y le pretende consolar. Es la plegaria del padre, que, agitándose sutil en el ambiente, les avisa de su peligro.
Cae la tarde. Betanzos oye pasos por delante de su prisión. Muchos ha oído, sin que jamás le hubieran interesado; pero estos pasos los oye sobre el corazón. ¿Es Dios que viene? ¿Es la justicia humana que se aproxima?
No; es una joven su fiel sirvienta, que avanza cautelosa hacia su prisión, para enterarse de todo, como quien no se entera de nada.
Betanzos la divisa: desde la ventana entreabierta le hace señas  de que se acerque; y con todo el disimulo posible le arroja un papelito muy plegado, en que, en resumen, viene a decirle: “Que me manden la Comunión: necesito fuerzas para morir.”
Horrorizada y estremecida, corre ella al punto al domicilio de su señora; y no es difícil imaginar la escena que allí se desarrolla.
La angustiada esposa cae de rodillas. Por una parte desearía acompañar ella también a su esposo en el martirio; por otra, comprende que se debe toda a su adorado hijito, y, estrechándole entre sus brazos, llora en silencio.
Precisamente iba a hacer el niño su primera comunión al día siguiente y ya está todo dispuesto para la fiesta, que se ha de celebrar, a ocultas, en su casa. La ocasión no puede ser más propicia.
Su Director espiritual le recuerda los momentos difíciles de las catacumbas, y cree oportuno que sea el mismo niño quien cumpla la misión divina de llevar la Sagrada Eucaristía a su querido papá.
Amaneció por fin el día. En el improvisado oratorio todo es recogimiento y devoción. Se ha celebrado el Santo sacrificio, y el sacerdote, con la voz entrecortada por la emoción y apagada por la prudencia, dirigió a los concurrentes algunas palabras, que los dejaron sumisos en un mar de lágrimas.
Luego comulgó por primera vez el niño de Betanzos, quedando convertido en un tabernáculo viviente del Señor.
Acto seguido, tomó el sacerdote la Sagrada Hostia; la envolvió en un paño de lino finísimo y perfumado; le dio muchos dobleces, y la escondió en el pecho inmaculado de aquel ángel, que convertido en nuevo Tarsicio, va a llevar al mártir el Pan de Vida.
Sale el niño a la calle y se encamina a la prisión,  con paso agitado, nervioso y menudito, como quien no se atreve a correr por la misión que lleva; pero, como quien quisiera volar para llegar a tiempo.
Al tocar a los umbrales de la penitenciaría, le cierran el paso unos sayones disfrazados de caballeros, y algunos guardias, que infestan el ambiente con chocarrerías groseras.
Al ver el niño, el más autorizado le increpa: - ¿Adónde vas tú?...
 – Quiero – contesta – decir el último adiós a mi padre… Y sin más ceremonias pasa adelante, temeroso de que descubran su secreto. Al llegar al interior, cae en poder de los guardianes de los presos que, desempeñaban su misión con la brutalidad de cancerberos.
¿A dónde, vas chiquillo? – le dicen.
– A decir adiós a mi papá – contesta nuevamente… y pronunciando unas cuantas palabras soeces y sacrílegas registran minuciosamente al angelito que tiembla entre aquellas garras como la tórtola entre las uñas del azor.
De pronto exhaló un  ¡ay! agudo y lastimero. Había sentido una fuerte punzada en la muñeca.
-¿Qué te quejas tú, si no ha sido nada? - Le dicen empujándole hacia dentro - No fue más que para ver tu valentía.
El niño se abraza con su papá y le dice: - no perdamos tiempo, ¡Qué horror!, ¡lo que me han hecho esos hombres!
Toma la comunión, papá. Cae éste de rodillas; despliega presuroso el lienzo blanquísimo y comulga…
El niño exhala unos quejidos lastimeros, mezclados con el nombre de Jesús…, y se desploma exánime en los brazos de su padre… Le habían inoculado un veneno violentísimo con la punzada.
El señor Betanzos ora, sin soltar los despojos de su ángel.
En los cielos tocan a gloria por la llegada de otro Tarsicio, mientras en la tierra ruge más furiosa la tempestad.
¡Dios no muere! El Sagrario es la fuente de Vida.
CUADRO DE PROFUNDIZACIÓN

  

Personajes

Acciones
Frases
 importantes
Reflexión
personal



































  OBJETIVOS PARA UN LAICADO EN SALIDA     El Concilio Vaticano II, en la carta magna del laicado, el Decreto Apostolicam actuositatem, sit...